El pelotari del Aiara afronta la nueva temporada dispuesto a hacer disfrutar a la gente con su juego
El frontón de Amurrio ha sido la cuna para Aitzol Dorronsoro, una de las promesas de la pelota alavesa. Con tan sólo tres años ya acudía a jugar junto con su padre y a los cinco años comenzó a entrenar en el club Aiara de Amurrio. Ahora, con 17, tiene ante sí un futuro prometedor. El alavés cuenta con un palmarés envidiable. Ha ganado txapelas de campeón de Álava en infantiles, cadete y juveniles y en el cuatro y medio de Barakaldo, entre las más destacadas.
La última de ellas fue la semana pasada, cuando se convirtió en el nuevo campeón de Álava juvenil de mano individual. «Han sido tres partidos duros. La final la jugué con mi amigo y compañero Endika Elejalde y, aunque comenzamos parejos, terminé ganando el partido», recuerda Dorronsoro.
Cerca de proclamarse también campeón de Álava en mano parejas, el joven ya está inmerso de lleno en la nueva temporada. «Lo próximo que tengo es un Campeonato en Mungia, después el GRAVN en el mes de enero, el cuatro y medio de Barakaldo y el trofeo Teledonosti», adelanta el pelotari del Aiara.
Aitzol tiene puestas todas sus esperanzas en la disputa del Campeonato GRAVN. «En Álava tenemos un gran nivel, pero es muy difícil competir con los navarros o vizcaínos, porque tienen más envergadura y son más fuertes», señala Aitzol Dorronsoro.
En su club Aiara, el compañerismo es la clave del éxito. «Somos unos 18 y nos llevamos muy bien. Mi gran apoyo son mis compañeros y mi entrenador Jesús Beitia», comenta el pelotari alavés.
Factor psicológico
Para el joven de Amurrio, la pelota ha sido y es lo más importante en su vida. «Para jugar a pelota hay que tener muchas facultades, la fuerza no lo es todo, es importante también la técnica», describe Dorronsoro.
Otra de las cualidades de un buen pelotari es el factor psicológico. «Es importante mantener la cabeza fría, psicológicamente tienes que ser muy fuerte», afirma poco después de ganar su última txapela por el momento.
El pelotari de Amurrio, que se mueve en los cuadros alegres en las competiciones de parejas, afirma que la fuerza y el golpeo no son su fuerte. «Tengo un juego rápido y con ritmo», expresa.
Su pueblo natal, Amurrio, con gran tradición en esta modalidad deportiva, es una gran fábrica de pelotaris. «En el pueblo, la pelota siempre ha tenido afición. Hay muchos pelotaris de todas las edades», declara.
Gran admirador del juego de Irujo, el pelotari sueña algún día con que su nombre se escriba entre los más grandes. «Mi sueño es llegar a ser profesional, pero de momento sólo quiero trabajar, entrenar y hacer disfrutar a la gente», señala el joven.
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